
La gota horada la piedra, no por su fuerza, sino por su constancia.
OvidioSerá la garra suave.
Dejadme la esperanza.
Dejadme la esperanza.
M. Hernández
Tu amor es seda que se confunde generosa
por entre tus manos abiertas de luz infinita.
Relámpago de ser que hiende sus raíces en mi carne abierta
mitigando angustias con anhelos,
heridas con sonrisas.
Un incierto temblor que adivinas en mis ojos
extraviados del mundo
aferrados a un mañana de horas pasadas.
Nada temas. Mi amor está grabado
en tu piel de tumulto
en tu pelo de vórtice
en tus labios de nube que todo lo abarcan.
Derrama la quimera sobre el lastre de mis días.
La llaga en la piedra terminará por sanar.
Así como la gota de agua horada con paciencia la superficie de la roca, de igual modo la vida nos va golpeando, para bien o para mal, y generando en nosotros minúsculas, imperceptibles fisuras que el paso del tiempo y los sinsabores van agrandando hasta producir en nuestros espíritus verdaderas llagas que escuecen tanto y duelen tanto, que en ocasiones nos dejan sin aliento. Es entonces cuando una voz amiga, un gesto amable nos reconfortan y nos devuelven la dimensión amable de la vida, recordándonos que nuestra existencia está compuesta a partes iguales de luces y de sombras, en un claroscuro perfecto que parece diseñado por la mano de algún dios ignoto. La llaga en la piedra es el título de un poema que escribí hace ya algún tiempo y que ahora renace en forma de un blog cuyo objetivo es convertirse en un cajón de sastre para todo aquel que tenga algo que decir que desee compartir con los demás; para aquellos que creen que la vida es "algo más", más allá de patrones preestablecidos, frases hechas, convencionalismos y predeterminaciones. Os invito a uniros al club de los inconformistas, de los soñadores, de los rebeldes por principio, que éste sea - en palabras de Ortega - el "rompeolas de todas las españas". Que nadie os calle ni se calle frente a la injusticia, la incomunicación y la falta de libertad. Si somos muchos, haremos más ruido.
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